Si estás en Jericó...

El Parque de las Nubes "La mesa de Dios"

Es muy frecuente ver que en los comerciales y películas para mostrar un sueño feliz utilicen lugares celestiales, llenos de flores de colores, mariposas y un lugar lleno de nubes hermosas que corren sobre los prados rápidamente dando una sensación de frescura. Uno nunca se imagina que algo así pueda existir, y que esté además este tan cerca de nuestra ciudad. El Parque de las nubes es una cima donde uno es el intermedio entre la tierra y el cielo, pues las nubes se ven correr entre uno filtrándose entre rayos de luz casi mágicos, digo casi porque todo lo que allí se vive es una realidad, gracias a la bendición de una naturaleza exuberante y a su vez delicada.

Cuando comencé el recorrido para llegar, nuestro guía nos hablaba de un recorrido de aproximadamente una hora, tiempo que realmente disfrute, pues su caminata es entre escalones naturales que el parque cuida con esmero por su riqueza paisajística. Comencé el ascenso que se facilitó, pues me alojaba en el mejor lugar de Jericó: El Mirador,( que entre otras tienen que conocer) Finca Hotel que permite desde dentro iniciar el recorrido y por cierto que lo acorta demasiado. En medio de riachuelos, flora totalmente exótica y lo más rico los olores que se entremezclan con el fresco del clima y la humedad del verde del recorrido. Faltando menos de 15 minutos para llegar se encuentra con una casita donde viven los encargados del parque, donde me tomé el jugo de fresa más rico que me he tomado. Y para acabar de asombrarme, en estos predios tienen unos venados, que curiosamente si te dejas lamer de ellos, te limpian las malas energías y te traen buena suerte. Pues mi mano estaba de primera en la rejilla sintiendo la ternura de este animalito que ni corto ni perezoso hizo su trabajo rápidamente de la manera más mansa. ¡Les recomiendo que no huelan su mano después!

Seguimos muy tranquilos esperando el tan recomendado lugar plano del parque. Entre una curva y otra, el camino se formó entre las hojas secas de los árboles, los que por su grosor le dan a uno ganas de abrazar. De un momento a otro se abre un mirador de sueños, una mesa inmensa donde las nubes corren sobre el pasto y se divisa el suroeste en toda su majestuosidad, las flores bailan con la brisa suave y los destellos azules de las nubes que se filtran entre tu cuerpo y un tapete inmenso para pisar la mesa de Dios. Lo que uno siente en este parque no tiene hay que vivirlo para contarlo.

 

 
 
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