| Los niños, junto con los ancianos, son uno de los grupos más vulnerables a las DESHIDRATACIONES. Estas se producen cuando la pérdida de líquidos en nuestro organismo (por el sudor, la respiración o por trastornos como vómitos o diarreas) es superior a la entrada. Para comprobar que un niño está bien hidratado observaremos su piel: si al plegarla con nuestra mano (en un suave pellizco) y soltarla recupera su aspecto terso, el niño está bien hidratado. Si, por el contrario, los pliegues permanecen, acudiremos al centro de salud más próximo. |